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Tailandia

53. El Templo de la Meditación en Pai – Tailandia

ENTRAMOS AL TEMPLO VIPASSANA

Llegó el día de vivir una nueva aventura, diferente a todo lo que ya habíamos vivido. Nos íbamos a internar en un templo budista por seis días para aprender un poco sobre su cultura, sobre ellos y sobre técnicas de meditación Vipassana. El templo queda a una hora y media de Pai y se encuentra entre el pueblo de Mae Hong Son y el mismo Pai. Mucha gente nos ha recomendado ir a Mae Hong Song ya que es un pueblo super lindo rodeado de un escenario tan pintoresco como el de Pai pero con muchos menos turistas. Solo lo sabemos por boca de otros porque finalmente no hemos podido ir.

53-1El día anterior habíamos preguntado en el hotel sobre cómo ir hasta el templo. Las formas de ir hasta allá eran dos: en tuk tuk o en un colectivo ¨público¨ de color amarillo que nadie sabía exactamente a qué hora salía pero la gente sabía que salía de una parada que está al lado de la terminal de las mini van. El del hotel arriesgó el horario de las 8:00am así que decidimos hacerle caso e ir a esa hora. Llegamos a la parada de buses a las 7:30 después de haber caminado 1,5km desde el hotel en el que nos estábamos hospedando. Al llegar le consultamos a algunos locales sobre el bus y nos dijeron que pasaba a las 11:00am. Estábamos frente a la situación de esperar durante 3hs en la parada de bus con todas nuestras valijas ahí. Situación a la que, evidentemente, nos entregamos.  Nos compramos un licuado de frutas cada uno (en Pai son muy baratos) y el tiempo pasó hasta que apareció el bus o, mejor dicho, gran tuk tuk. Eramos unas 10 personas amontonadas en la parte de atrás, las mochilas amontonadas de la misma manera sobre el techo y con ese escenario partimos hacia el templo.

53-2El Tuk Tuk nos costó 100 Baht (USD 3,2) a cada uno y nos dejó exactamente en la puerta del templo. Allí nos bajamos todos los que estábamos en la camioneta excepto una señora que siguió hacia Mae Hong Son. El viaje no fue tan duro como el de Chiang Mai a Pai pero aun así, se movió bastante. Bajamos nuestras mochilas y nos adentramos en lo desconocido. Dentro del templo nos esperaba un hombre alto de 30 y tantos años que nos recibió de manera super agradable. Su nombre (según entendimos) era Atila o Atilio. Nos pidió que anotáramos todos nuestros datos en un libro de Check in y nos anotamos en el libro de espera para que nos dieran una habitación privada simple (Los primeros días hay que dormir en un dormitorio general y luego, si hay disponible, te pasan a una privada). Luego nos presentó al perro del templo. Cuenta la leyenda que el perro es un monje que murió en el templo y que, por haber hecho algunas cosas mal durante su vida, le tocó reencarnar en un perro. Lo curioso de este perro es que cuando sonaba la campana que nos reunía a realizar las meditaciones, se la pasaba aullando. Esto alimentaba la leyenda, diciendo que el perro, al sonar la campana, recordaba su pasado y por eso aullaba.

53-3Luego de darnos caramelos para que le demos al perro. Atila (o Atilio) nos mostró las instalaciones. Empezando por el gran salón comedor que se componía de cuatro sectores. El primer sector era donde estaban los sobrecitos de té, café y chocolatada disponibles para todos a toda hora. El segundo sector era donde se encontraban las mesas para que se sentaran a comer aquellas personas que habían tomado la decisión de NO SILENCIARSE durante su estadía en el templo. El tercer sector era un sector de mesas donde se colocaban todos los recipientes de comida para el desayuno y el almuerzo. El cuarto y último sector era donde se encontraban las mesas de aquellos que habían decidido SILENCIARSE durante su estadía. En ese sector, no se podía hablar para no interferir con aquellos que habían tomado el voto del silencio. A un costado del salón comedor se encontraba el gran salón de meditaciones (o Dharma Hall). Tanto el salón comedor como el salón de meditación eran espacios techados pero sin paredes, de fácil acceso desde cualquiera de los cuatro costados. El Dharma Hall era un gran salón con un escenario en el que se posaban 3 estatuas doradas de buddha y había 8 almohadones, uno al lado del otro, que indicaban los espacios que debían ocupar cada uno de los monjes que ocupaban el templo. En un costado del salón había una gran cantidad de sillas blancas apiladas y dos grandes contenedores con almohadones y colchonetas. A un costado de estos contenedores, una pequeña biblioteca con libros que funcionaban como guía para la meditación. Estos estaban en inglés o thai.

53-4A un costado del comedor, se encontraba el Dharma Hall, al otro costado un espacio verde con un camino que guiaba colina arriba (no mucho) hacia la cocina donde se encontraban varias personas trabajando. Siguiendo de largo por el salón comedor, se accedía a un espacio con muchas grifos y espacios para lavar los platos, vasos y tazas que se fueran acumulando a lo largo del día. De todas maneras, en el templo rige el principio de que lo que sea que uno use, debe ir a lavarlo y dejarlo para secar. Al pasar por este sector, uno desemboca en un gran espacio verde. A la derecha de este espacio verde hay un montón de casitas (ellos los llaman Kuti) dónde se hospedan aquellos huéspedes que se han anotado en la lista de espera y se quedarían más de 4 días en el templo. Las casitas de la derecha estaban destinadas a las mujeres y a la izquierda del gran espacio verde había un pequeño lago con muchos y muchos peces. Del otro lado del lago se encontraban los Kutis de los hombres. Siguiendo por el camino que atraviesa el gran espacio verde se encontraban los baños de uso comunitario y un poco más adelante había una gran casa de dos pisos totalmente vacía y con un baño en cada piso. Detrás de esta gran casa, había dos más, exactamente iguales. Esta primer casa era el dormitorio general de las mujeres. Aquí iban a dormir todas las recién llegadas. Y las otras dos casas eran los dormitorios generales para los hombres. Uno podía elegir en que piso dormir y cada piso tenía su baño con agua caliente para ducharse.

53-5Mientras Atila nos iba presentando cada uno de los lugares, pasó por una pequeña casa que albergaba toda la ropa blanca para que utilicen los recién llegados. Se les da dos prendas de arriba y dos prendas de abajo a cada uno. La idea es utilizar esta ropa y si se ensucia, se puede poner a lavar en un pequeño salón para el lavado de ropa y uno puede entrar en la habitación de la ropa blanca y tomar otra. Por último, nos llevó a otra habitación donde nos dio una alfombrita para poner el piso y que funcione a modo de colchón, dos mantas para la noche (hizo mucho frio en Enero 2019, la época en la que fuimos nosotros) y una almohada. Si uno necesita algo más de lo que sea, se lo puede pedir y se lo van a dar sin ningún problema.

Esta fue nuestra bienvenida a este lugar del que tanto veníamos hablando. Allí nos separábamos con Belu por primera vez en mucho tiempo. Ella durmiendo en su habitación y yo en la mía, a punto de enfrentarnos a algo que no habíamos enfrentado desde hace mucho tiempo y es el tiempo solos con nosotros mismos, absolutamente. Tiempo para pensar, leer, meditar, reflexionar y realizar introspección. En el próximo post, toda la experiencia en el templo.

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